Llegué a una ciudad que no conocía, sin red de apoyo, sin nadie, sin certezas, con más miedo que planes. Y ahí empezó todo.
Sobrevivir a la intemperie
Las calles enseñan rápido. Te quitan la ingenuidad, pero también te muestran lo esencial. Aprendí a resistir, a observar, a caer y a levantarme sin aplausos. Aprendí que nadie te salva, pero a veces alguien te acompaña un tramo. Y eso basta.
En momentos donde no entendía nada… y otros donde todo dolía menos. Aquí hablo de soledad, de miedo, de dignidad, de equivocarse mucho. De reconstruirme con lo que había: libros, silencios, personas, introspección. De entender que romperse también es parte del camino.
Siempre nos tenemos a nosotros mismos. Saberlo es un largo y doloroso viaje de regreso a casa. Esa noche entendí que, aun cuando el mundo te ignora, puedes convertirte en tu propio refugio.
Un acto de resistencia
“Casa” no siempre fue un lugar. Fue una pregunta constante. Fue aprender a quedarme conmigo cuando no había nadie más.
Este libro es para quien alguna vez se sintió fuera de lugar. No prometo respuestas. Solo compañía. Porque al final —aunque a veces tarde— todos los caminos llevan a casa.